The last day

Me da pena que se acabe el año. La nostalgía me invade, como viene siendo habitual, cada 31 de diciembre. Y me paso el día contando las horas que quedan para el más allá. Como en los cuadros de Friedrich he llegado hasta aquí, hasta la cima y ahora ya no sé que pasará...
Bueno, si que lo sé, que mañana será como hoy y que el 13 de abril también... Quizá los culpables de mi pena sean los demás. Seguro que si... la histéria colectiva se respira hoy más fuerte que nunca... Todo apesta a maquillaje y brillantina.
Pues yo no tengo ganas de salir. No tengo ganas de multitudes con cara de esfuerzo por ser feliz. No quiero una vida nueva porque ya me gusta la que tengo. No quiero que se acabe el año. No quiero esta cuenta atrás que me pone de los nervios.
Y odio los turrones.
