En el tren
Mi madre insistió todo el día para que me llevase media coliflor. Yo no quería y no porque no me gusten, sino porque no quería ir cargada.
Ese día me había declarado en huelga de coche, así que tuve que seguir mi máxima: "si coges el tren, no cargues con peso". Y eso es precisamente lo que Mamá Veva no entiende, porque si por ella fuese, cargaba con el mercado entero, incluyendo las dependientas y los clientes...
Al final me salí con la mia.
De vuelta a mi segunda ciudad, mirando por la ventana del tren, la sorpresa... campos repletos de coliflores verdes gigantes me seguían. Al principio tuve miedo, no sabía porque venían a por mi. La familia Coliflor con todos sus miembros, me tenía perfectamente rodeada en el minúsculo vagón de tren. No sabía que hacer. Nadie a mi alrededor parecía haberse dado cuenta del peligro. Ví que tenía que actuar sola, y aprovechando la oscuridad de un túnel me puse la armadura.
Pero no me hizo falta. Al verlas de nuevo comprendí que venían en son de paz. Querían ser mis amigas, así que nos pusimos a charlar. Incluso me hicieron reirme a carcajadas más de una vez!
No me importó que los demás viajeros me mirasen mal. No me importó que creyesen que estaba loca por reirme de unos simples pinos. Porque en mi pequeña aventura de 1hora y 15min, yo fuí feliz imaginando y jugando. En cambio ellos aburridos y tristes, no sabían levantar la cabeza del suelo, y si lo hicieron fué sólo para criticarme.
Ojalá nunca pierda la vista.
Ese día me había declarado en huelga de coche, así que tuve que seguir mi máxima: "si coges el tren, no cargues con peso". Y eso es precisamente lo que Mamá Veva no entiende, porque si por ella fuese, cargaba con el mercado entero, incluyendo las dependientas y los clientes...
Al final me salí con la mia.
De vuelta a mi segunda ciudad, mirando por la ventana del tren, la sorpresa... campos repletos de coliflores verdes gigantes me seguían. Al principio tuve miedo, no sabía porque venían a por mi. La familia Coliflor con todos sus miembros, me tenía perfectamente rodeada en el minúsculo vagón de tren. No sabía que hacer. Nadie a mi alrededor parecía haberse dado cuenta del peligro. Ví que tenía que actuar sola, y aprovechando la oscuridad de un túnel me puse la armadura.
Pero no me hizo falta. Al verlas de nuevo comprendí que venían en son de paz. Querían ser mis amigas, así que nos pusimos a charlar. Incluso me hicieron reirme a carcajadas más de una vez!
No me importó que los demás viajeros me mirasen mal. No me importó que creyesen que estaba loca por reirme de unos simples pinos. Porque en mi pequeña aventura de 1hora y 15min, yo fuí feliz imaginando y jugando. En cambio ellos aburridos y tristes, no sabían levantar la cabeza del suelo, y si lo hicieron fué sólo para criticarme.
Ojalá nunca pierda la vista.

5 Comments:
No me gustan la coliflor....
un beso
Jajaja...bien por ti. Mis largos viajes en tren me dan para imaginar mucho, para inmiscuirme en las vidas de los demás sin que se den cuenta...qué aburrido sería si no.
A mi me encanta la coliflor, aunque reconozco que el olor durante su preparación...
Un saludo ;-)
eso te pasa por no hacerle caso a tu madre, jeje!
Saludos!
jajajaja! me he reido mucho con el post. pero de verdad, a quien se le ocurre la unión entre coliflor y tren??? a Mamá Veva sólo, supongo. mua
Me alegro de que el viaje de vuelta se te haga tan ameno. Los que se quedan aqui quizas no tienen esa capacidad para desconectar del mundanal ruido. Aqui estamos, esperando a que nos toque el turno, pacientes y contentos, eso si, con esperanza e ilusión de que llegue el dia en que las coliflores del tren puedan esperar una hora o dos, esperando entre el olvido y el eterno recuerdo, con la antigua corona de reyes del baile, con la banda del 98 donde pone que eres alguien especial, y mientras no digan lo contrario, sabes que lo eres, que lo tienes que ser vaya. Seria fantástico volar al mundo de las hortalizas y deshechar los miedos, angustias y sentimientos que ayudan a crecer al monstruo de la baja autoestima. Gracias a X, los que no podemos salir volando cuando queremos tenemos esos recuerdos geniales de cuando todo era mucho más facil, de cuando la soledad era deseada y solo aperecía en tu habitación, de cuando los viajes en tren eran muy frecuentes, de cuando los recuerdos no existian porque se estaban creando.
Hoy, la vida va muy deprisa, para todos, no hay tiempo para nada, producir, consumir, producir, consumir y preocuparse de recomponer las magulladuras que el dia a dia nos ocasiona a nosotros mimsos y a los mas cercanos. Es una pena. A mi me pasa. Después encima te crees con derecho de reclamar las atenciones de otros que tienen la mimsa prisa que tu. Que egoistas somos, todos. El ser humano es raro.
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